
Dudaste un momento, dos. Tomaste la mano resignado a la certeza de lo que vendría. Disfrutándola, sufriéndola. La llevabas del brazo como aquella vez que silenciosamente hurgaste en los rincones de tu imaginario para encontrar sus piernas abiertas y su mano, tomada a la tuya, anudada en nudo mudo. Y tu mirada buscando, tus manos buscando, rascando las vísceras de su carne, llenándote de sus bocados con la boca llena y la cara llena, de carne llena y de ella tu boca. Ciega. Cegada marchaba, copiando tu paso. Obediente, sumisa. Esto es destacable; todavía temprana, blanda y blanca, era la calidez de una manta, el abrazo de un colchón. Así era y así te seguía. Obliterada a su necesidad de ser quebrada, mordida y masticada; así, como dormida. Frente a tu espalda. Y como manto y cama te abrazaba; y a ella abrazado flotabas en el agua, agua tibia de laguna o algo así, una hamaca de algodón blanco y algodonado. Y estabas cómodo y te veía en tu comodidad, con su mirada que acariciaba tu vientre y tus rodillas. Fue justo entonces, cuando a contrapelo de tus torpes respiraciones la mano pellizcó tu garganta, así como cuando revisabas las entrañas pero las cerraba, las tapaba con sus uñas largas y rojas que brotaban de tus venas. Y cerraba tu boca y vomitabas su carne, cambiando bocanadas de su perfume barato en tu pelo, quebrando la espalda y ondulando como un pez, un pescado, sin párpados, secándote en la tierra crocante de la orilla.
2.11.06
Branquias
30.10.06
- pero en la calma del aire me dí cuenta
basta con pasar por esa calle - tropezar con el mismo adoquín
(a propósito?)
para que vuelva.
unas hormigas hacen fila para pasar por las ranuras descuajadas de la pared,
y lo que veo sigue su transcurso en una nebulosa de colores
tan brillantes y saturados
que se caen del papel.
me acuerdo un recuerdo,
un presente
paralelo.
estabas ahí. te rociaste en mi piel y aunque traté de limpiarte me gritaste que te quedabas. mientras, yo escurría mi vestido, torcido.
en eso, el aroma se cortó con el aleteo de sonrisas echas mariposa.
agridulce. lo sentí en mi brazo al abrir la ventana, y la brisa lo alejó por un instante.
23.10.06
Corría una hilacha de humo verde hacia arriba, derritiéndose al cielo que aclaraba en día. El pájaro y la hormiga seguían con sus rutinas de jugar al subibajas, mientras uno contaba la otra se escondía. Respiré y me acosté en la tierra, contando segmentos verdes, allá, más acá y por ahí te pensé. Y de las ramificaciones se abrían caminos nuevos, una hormiga no podía evitar flotar a la superficie, y un pájaro se sumergía en el suelo.
